Como venimos hablando en Somos Parte, vivimos
actualmente una crisis energética importante: se agota el petróleo y las energías
renovables están siendo encarecidas. La energía nuclear tampoco es la
respuesta: la problemática de los residuos es enorme, junto con la peligrosidad
de sus accidentes (Chernóbil y Fukushima son ejemplos más que suficientes). Dado
este escenario, en los últimos tiempos han surgido nuevos métodos para obtener
hidrocarburos, y uno de ellos es el ‘fracking’.
Ayer, sábado día 19/10/2013, se celebró el segundo Día
Internacional Contra el 'Fracking', y desde Somos Parte queremos unirnos a la
causa. Pero, ¿qué es el 'fracking'? Es el término anglosajón para la ‘fractura
hidráulica’, técnica mediante la cual se extrae gas no convencional del
subsuelo. El gas no convencional es aquel gas natural que es más difícil de
extraer, o, dicho en otras palabras, menos rentable económicamente. Hay varios
tipos, siendo el más común el gas de esquisto.
¿Cómo se lleva a cabo? Fácil: se inyecta a gran
presión una gran cantidad de agua que agrieta el suelo y un material de sostén (habitualmente arenas)
que mantiene esas fisuras abiertas. Junto con ese fluido de fracturación se
incluyen sustancias químicas que facilitan dicho proceso.
Visto así no podría parecer una técnica peligrosa, pero son numerosos sus impactos. En primer lugar, el agua es un gran afectado en este juego. Se necesita una gran cantidad de agua: 9.000-29.000m3 para un solo pozo. Pero además, en el fluido de fracturación se incluye un 2% de sustancias químicas, lo que suponen 180-580m3 de aditivos: se contamina el líquido con elementos extraños, y esta polución puede llegar a los acuíferos, cuya descontaminación es excesivamente complicada (y cara). Existen casos documentados en los que se ha probado la contaminación de pozos domésticos, de riego y monitoreo, manantiales, filtraciones, charas y ríos que se encontraban en las cercanías de áreas donde se realizaba en ese momento, o anteriormente, fractura hidráulica.
Visto así no podría parecer una técnica peligrosa, pero son numerosos sus impactos. En primer lugar, el agua es un gran afectado en este juego. Se necesita una gran cantidad de agua: 9.000-29.000m3 para un solo pozo. Pero además, en el fluido de fracturación se incluye un 2% de sustancias químicas, lo que suponen 180-580m3 de aditivos: se contamina el líquido con elementos extraños, y esta polución puede llegar a los acuíferos, cuya descontaminación es excesivamente complicada (y cara). Existen casos documentados en los que se ha probado la contaminación de pozos domésticos, de riego y monitoreo, manantiales, filtraciones, charas y ríos que se encontraban en las cercanías de áreas donde se realizaba en ese momento, o anteriormente, fractura hidráulica.
La contaminación química producida por las sustancias añadidas es enorme: entre ellas se incluyen compuestos orgánicos volátiles (COV), donde destacan el benceno, tolueno y compuestos halogenados. También están en el fluido de fracturación gases de combustión diésel, óxidos de nitrógeno (NOx), de azufre (SOx) y ozono, hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) y metales, muchos de ellos tóxicos. ¿Qué efectos tiene este cóctel sobre la salud humana? Causan distintos tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares, neurotoxicidad y alteraciones reproductivas y fetales, entre otros. Por lo tanto, el agua se ve afectada en gran medida, tanto su cantidad como su calidad.
En el ‘fracking’ también se ve afectada la calidad del
aire en la fase de construcción de los pozos, por la emisión de partículas a la
atmósfera, y en la fase de explotación, cuando emanan algunas de las sustancias
químicas mencionadas anteriormente. Otro de los grandes afectados es el
paisaje: el impacto sobre él es mayúsculo, las instalaciones necesarias son
enormes y pueden verse desde cualquier punto en kilómetros a la redonda. Por
último estas explotaciones pueden liberar elementos radiactivos naturales al
fracturar pizarras, que se incorporan a las aguas mediante el lixiviado,
contaminándolas.
Pero, ¿cuál es la situación del 'fracking' actualmente?
Desgraciadamente, en Estados Unidos, uno de los países con más poder a día de
hoy, esta práctica crece día tras día: en 2011 el gas no convencional llegó al
16% del gas natural producido en dicho país. Las estimaciones de reservas
parecen ser menores de lo esperado y las protestas sociales han servido para
que se hayan prohibido o implantado moratorias mientras se estudia en
profundidad los impactos de esta técnica. En Europa hay diversas posiciones:
mientras en Francia se prohibió hace unos días, en Polonia han apostado por la
fractura hidráulica, aunque se han producido problemas en el proceso.
En España se ha desarrollado un importante movimiento
en contra del ‘fracking’, debido a que dicha práctica se ha visto favorecida por
la clase política, especialmente en el norte del país. Actualmente hay
solicitados (y concedidos en muchas ocasiones) permisos de investigación en
once comunidades autónomas. El caso más importante en la península es Gran
Enara, área de 324.837 hectáreas con 10 pozos a investigar: 7 en Álava y 3 en
Burgos. Pero lo más preocupante es que muchos de estos permisos ocupan áreas
tan importantes como Parques Naturales, Lugares de Interés Común o Zonas de
Especial Protección de Aves, donde, en teoría, estos usos son incompatibles con
la misma.
¿Qué podemos hacer para impedirlo? En primer lugar informarnos. Hay que tener todos los datos para saber a qué nos enfrentamos. En mi caso os recomiendo 'Agrietando el futuro', un libro editado por Ecologistas en Acción, ONG que realiza un gran trabajo contra esta práctica. También resultan interesantes tanto el documental de 'Gasland' como la película 'Tierra prometida'. Además podemos unirnos a asociaciones y grupos locales que luchan por evitar que lleguen a más los permisos de investigación. Y, sobre todo, insistir en decir NO.
Natalia Funes
¿Qué podemos hacer para impedirlo? En primer lugar informarnos. Hay que tener todos los datos para saber a qué nos enfrentamos. En mi caso os recomiendo 'Agrietando el futuro', un libro editado por Ecologistas en Acción, ONG que realiza un gran trabajo contra esta práctica. También resultan interesantes tanto el documental de 'Gasland' como la película 'Tierra prometida'. Además podemos unirnos a asociaciones y grupos locales que luchan por evitar que lleguen a más los permisos de investigación. Y, sobre todo, insistir en decir NO.
Natalia Funes
Intentare ler el libro q nos recomiendas, muchas gracias por tu informacion.
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